Fotografía documental en Tanzania: entrenar la mirada en tierra salvaje

Viajar a Tanzania fue una de esas experiencias que te cambian la forma de mirar sin hacer ruido. No fue solo un proyecto fotográfico. Fue una sacudida suave, constante, necesaria.

Tuve la oportunidad de documentar el trabajo de Sensation of Africa, una empresa local especializada en safaris que entiende la tierra desde dentro. No como escenario, sino como hogar. Fotografiar su manera de trabajar fue entrar en otra dimensión del tiempo: amaneceres que empiezan antes de que el sol exista, silencios largos, miradas que leen el horizonte como si fuera un libro abierto.

La fotografía documental allí no admite prisas.
O estás presente, o no estás.

Aprendí a entrenar el ojo de verdad. A observar incluso cuando aparentemente no sucede nada. A entender que el momento no se crea: se espera. Que la luz no se domina: se respeta. Que la naturaleza no se dirige: se contempla.

Y en medio de todo eso, lo más importante: no estaba solo.

Viajé acompañado de Idoia Pascalet. Y cuando digo acompañado, hablo de algo más profundo que compartir asiento en un avión.

Idoia, podóloga de profesión, trabaja cada día cuidando los pasos de otras personas. En Tanzania dio un paso más allá: organizó una recolecta de material escolar y calzado en su clínica Iknos para colaborar con una ONG local. Verla implicarse así, con esa sensibilidad tan suya, fue uno de los aprendizajes más grandes del viaje.


Hay experiencias que se convierten en memoria por lo que ves.
Y otras, por con quién las vives.

Tanzania me recordó por qué hago fotografía documental. Porque me obliga a estar despierto. Porque me exige atención plena. Porque me coloca en el lugar exacto donde la imagen no es espectáculo, sino testimonio.

Volví distinto.
Más paciente.
Más atento.
Más consciente de que el fotógrafo no busca la historia: la reconoce cuando aparece.

Y por eso este viaje no fue solo un reportaje. Fue una forma de entender que mirar también es una manera de agradecer.

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